La reducción de pecho o mamoplastia de reducción es una intervención destinada a eliminar el exceso de grasa y piel de la mama y del tejido glandular, con el objetivo de conseguir unos senos que guarden proporción con el resto del cuerpo, además de aliviar las molestias asociadas con los pechos demasiado grandes.

Una reducción de mama aporta beneficios tanto físicos como psicológicos. Es uno de los procedimientos estéticos que causa más impacto en la apariencia física del paciente. El principal beneficio es conseguir unos pechos más pequeños, más ligeros y más firmes, proporcionados con el resto del cuerpo y simétricos entre sí. Con la reducción mamaria se consigue acabar con el malestar físico que provoca la hipertrofia de los senos, como es el dolor de espalda, el dolor de cuello, el dolor de hombros… se aumenta la flexibilidad de la paciente y se mejora su postura. Durante la intervención también se reduce y proporciona el tamaño de la areola.

Es un tratamiento indicado para mejorar dificultades respiratorias como el asma, acabar con las erupciones cutáneas, las infecciones en la piel que pueden surgir debajo de los senos, la sudoración excesiva, o para solucionar las hendiduras causadas por las correas del sujetador.

La paciente ganará en confianza, autoestima y calidad de vida. Ya no tendrá que soportar miradas y comentarios no deseados sobre el tamaño de sus pechos (problema que afecta particularmente a las mujeres durante la adolescencia). Notará que su ropa encaja mucho mejor, y que es mucho más sencillo encontrar sujetadores que no causen hendiduras en los hombros. Incluso puede ser un acicate para practicar deportes o actividades físicas que las pacientes solían evitar por incomodidad.

Las cicatrices de la intervención de reducción de pecho se desvanecen con el tiempo, pero hay que tener en cuenta que se trata de una intervención que requiere incisiones extensas, habitualmente en “forma del ancla”. El cirujano hará una incisión alrededor de la areola y hacia abajo (verticalmente), dirigiéndose hacia el pliegue natural del seno y la axila.

Los pacientes, a menudo, se preocupan por perder sensibilidad en el pezón que puede afectar la capacidad de amamantar. Pero las areolas y los pezones suelen permanecer unidos a los nervios y los vasos sanguíneos, por lo que la sensación se conserva.

Dr. Julio Terrén, especialista en reducción de pecho