Los que nos encontramos en la mediana edad de nuestra vida convivimos con dos situaciones aparentemente contradictorias. La primera es el deseo de obtener una apariencia más saludable y juvenil. La segunda es la necesidad de hacerlo sin que suponga un importante coste económico y un obstáculo a la normal relación diaria con nuestras obligaciones y compromisos laborales, es decir, una rápida recuperación.

A menudo llegan a mi consulta hombres y mujeres que han superado los 40 años con una idea muy clara; quieren ver una importante mejoría en su aspecto físico pero no quieren someterse a la dictadura de grandes intervenciones quirúrgicas que van a obligarles a tomar dos o tres semanas de descanso y recuperación, lo que afectará a su trabajo o vacaciones.

Es necesario identificarse con ellos y comprender sus  necesidades. En muchas ocasiones del diálogo reposado surge la verdadera motivación y las reales expectativas que inducen a la consulta especializada.

Es lógico que la primera respuesta del cirujano plástico sea: “el mejor resultado lo vamos a obtener con una intervención quirúrgica”. A continuación, sin embargo, debemos ofrecer un abanico de posibilidades dentro de aquellos tratamientos realmente eficaces que, aunque menos duraderos en el tiempo, van a suponer una mejoría apreciable del aspecto general o particular de una zona corporal. Debemos descartar, por ética y por prestigio, aquellos que no van a suponer a medio plazo algún cambio significativo y que la experiencia nos indica que no son eficaces.

Podemos y debemos utilizar todos nuestros recursos, que son muchos en este momento, para que la confianza del paciente no se vea defraudada.

En primer lugar podemos explicarle el papel que ocupan los implantes temporales (ácido hialurónico, hidroxiapatita cálcica, y otros) en el rejuvenecimiento de la cara y de las manos. También podemos explicarle que con las nuevas técnicas de obtención y trasplante de grasa (lipofilling) propia, adecuadamente procesada, podemos devolver los volúmenes perdidos con la edad y remodelar los contornos más desfavorecidos. El lipofilling se ha convertido en la niña mimada de los congresos de cirugía plástica por su versatilidad, su seguridad, duración y elevado nivel de satisfacción.

Pero también debemos actuar sobre el órgano más superficial: la piel. Los tratamientos con láser de CO2 ablativo (exfoliante intenso) o fraccionado (de recuperación rápida), y los de Alejandrita o de Nd:YAG, solos o en combinación, permiten al médico experto la corrección de arrugas finas, manchas y lesiones de la piel como queratosis y pigmentaciones localizadas o difusas que le confieren características de envejecimiento, real o prematuro.

Ninguna técnica por si sola es perfecta, pero la combinación correcta de diferentes herramientas nos permite obtener un resultado coherente y satisfactorio.

Los retos actuales implican conocer y manejar adecuadamente todos los tratamientos a nuestra disposición. ¡Resolvamos el dilema!